De todas las luces del puerto. Solo una me llamo la atención.
Era una lucecita pequeña y frágil, tenia los colores del trigo y una boca como el color de los duraznos.
Solo la vi una noche, y esperaba verla siempre. Era una llamita encendida en mis recuerdos, un peso que no podía soltar.
Trate de guardar esa lucecita en una montaña de nieve morada, en el olor a sal de la playa, en arena de las rocas, en la espuma de las gaviotas y en el arrecife de mis venas rojas y negras en el cardo de los cerros de la costa y en el verano amarillo del litoral.
Todo fue inútil, la lucecita-estrella se voló de mis manos, como una maldición sin fondo claro….
Después de 3 años largos, encontré la lucecita color trigo, ya era una luz, grande y que brillaba sola ante el altar salino de las olas.
Y aunque tiene otro dueño…. La puedo ver cuando miro al poniente y con complicidad…. Nos lanzamos un beso con la mano…..
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